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Gripe

Qué es

La gripe es una enfermedad infecciosa del aparato respiratorio producida por el virus de la influenza. Si algo caracteriza a este microorganismo es su capacidad de contagio. El virus pasa con mucha facilidad de una persona a otra a través de las gotitas de saliva que se expulsan al hablar, toser o estornudar. El contacto con manos u objetos contaminados también supone una vía de infección.

Todos los años se producen epidemias de enfermedades respiratorias en nuestro país causadas por la gripe durante el final del otoño o el comienzo del invierno. A pesar de que muchos virus respiratorios pueden causar síntomas de gripe, los virus A y B de la gripe suelen ser responsables de las epidemias hacia el final del otoño o el invierno. En el hemisferio norte, la gripe aparece todos los años entre los meses de noviembre y abril, siendo más agresivo de diciembre a marzo. En cambio, en el sur, el virus aparece en el periodo de mayo a octubre.

Según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), la proporción de personas afectadas durante las epidemias anuales oscila entre el 5 y el 15 por ciento en la población general y es superior al 50 por ciento en grupos de población cerrados, como los asilos.

Causas

La causa de la gripe es el virus de la influenza. Tal y como explican desde Seimc, la transmisión se produce principalmente a través de gotitas de saliva que se forman al hablar, toser o estornudar por la persona enferma y que pueden alcanzar a una persona sin gripe pero capaz de padecerla.

El virus también se puede transmitir por contacto con las superficies contaminadas por esas gotas y a través de las manos.

Síntomas

El cuadro clínico inicial de la gripe suele comenzar de forma brusca con fiebre y escalofríos que aparecen junto con dolor de cabezal, molestias de garganta, malestar general, dolores musculares y tos seca. Con la fiebre los síntomas respiratorios se hacen visibles: congestión nasal, enrojecimiento e inflamación en la garganta.

La fiebre y los dolores musculares suelen durar de 3 a 5 días y la congestión y la falta de energía puede prolongarse hasta dos semanas.

Una de las características de la gripe es que se propaga con mucha facilidad y puede llegar a afectar a un grupo de personas en un periodo de tiempo muy corto.

Aunque la mayoría de los síntomas son comunes a todas las edades hay algunos que se manifiestan sólo en determinados grupos de edad.

En los ancianos, por ejemplo, es frecuente que los pacientes tengan dificultad para respirar y la producción de esputo. En el caso de los niños, es común la otitis media y molestias abdominales (náuseas, vómitos, diarrea).

Prevención

Según Seimc, la principal prevención para la gripe es la vacunación. El periodo idóneo de vacunación es entre septiembre y octubre en el hemisferio norte y entre marzo y abril en el hemisferio sur, puesto que el efecto protector aparece a las dos semanas de administrarla.

A partir de los 13 años de edad, la vacuna se administra mediante una inyección intramuscular (hay también intradérmicas o nasales). Además, está contraindicada en alérgicos al huevo (anafilaxia) y en personas con fiebre de más de 38ºC. Un cinco por ciento de los vacunados sufren reacciones a la misma que consisten en fiebre, malestar general y alteraciones alérgicas en la zona donde se ha administrado la inyección. Generalmente desaparecen a los dos días.

Otros métodos preventivos que tienen que tener en cuenta los pacientes son el mantenimiento de una buena higiene, que incluye lavar frecuentemente las manos, y llevar un estilo de vida saludable. Los expertos aconsejan seguir una dieta equilibrada y variada que incluya cereales integrales, verduras, marisco y sustancias como el ajo; también se comenta el beneficio de consumir hierbas como la equinácea, el saúco, astrágalo y milenrama y aumentar la ingesta de vitamina C.

Beber mucho líquido y dormir las horas necesarias también pueden ayudar a evitar complicaciones.

Vacunas grupos de riesgo

Conviene que las personas que estén en contacto con los grupos de riesgo se pongan la vacuna para prevenir la enfermedad.

Tipos

Existen tres tipos de virus gripales A, B y C. Los más importantes son el A y el B, ya que el C no provoca epidemias, sólo infecciones sin síntomas o con manifestaciones poco trascendentes.

El tipo A es el responsable de la mayoría de las epidemias que se producen cada año mientras que el B aparece en brotes localizados.

El virus tipo A se divide en dos subtipos basándose en dos proteínas de la superficie del virus, hemaglutinina (H) y neuraminidasa (N). Los subtipos más frecuentes del virus A que a día de hoy circulan entre humanos y están incluidos en la vacuna antigripal son A (h2N1) y A (H3N2).

Los virus gripales B y C tienen menos variaciones y, por tanto, no se dividen en subtipos.

Diagnóstico

El diagnóstico de esta patología suele ser clínico, al detectar los síntomas dentro de un contexto como la temporada gripal o casos de gripe en personas cercanas al paciente. Lo que le diferencia de un catarro común es su gravedad y la presencia de fiebre más alta.

Aunque sus síntomas los suele conocer la mayoría de la población, en ocasiones puede ser difícil diferenciarla de otros tipos de infecciones respiratorios si el médico sólo se basa en la clínica, porque las manifestaciones pueden ser similares a las que se producen en otros virus. Para identificar la infección por el virus de la gripe se puede realizar un análisis de sangre.

Tratamientos

El virus de la gripe no tiene cura. Las terapias son sintomáticas y van enfocadas a mejorar y aliviar los síntomas que produce esta patología.

Las recomendaciones de los facultativos son:

  • Descansar.
     
  • Beber abundantes líquidos.
     
  • Evitar el consumo de alcohol o tabaco
     
  • Tomar medicación que mejore los síntomas de la gripe (como medicamentos para bajar la fiebre).
     
  • La gripe está causada por un virus, así que los antibióticos no mejoran los síntomas ni aceleran la curación.
     
  • No dar aspirina a niños ni adolescentes (podría provocar un síndrome raro pero grave que se denomina Síndrome de Reye).

Respecto a la utilización de fármacos antivirales, si se dan en los primeros días tras el inicio de los síntomas pueden reducir la duración de la enfermedad. En lo que concierne a los antibióticos, sólo en caso de que evolucione la enfermedad hacia complicaciones como neumonía o bronquitis tiene sentido valerse del tratamiento antibiótico.

Otros datos

Desde Seimc advierten que la gripe puede complicar otras enfermedades e insisten en prestar especial atención a los grupos de riesgo.

Grupos de riesgo

La población con mayor riesgo de tener complicaciones como consecuencia de la infección gripal y en los que se recomienda la vacunación son:

  • Mayores de 65 años.
  • Mujeres embarazadas.
  • Niños menores de 2 años y mayores de 6 meses.
  • Personas con enfermedades crónicas cardiacas, hepáticas, renales, pulmonares (como aquellos que tienen EPOC), sanguíneas, metabólicas e inmunodepresión.
  • Personas que conviven o cuidan a pacientes con riesgo.

Colectivos profesionales con un mayor riesgo de exposición y que realizan servicios esenciales para la comunidad.

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