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Fiebre del heno

Qué es

Durante la primavera, el verano y el otoño el polen flota en el aire. Mediante la respiración, el polen penetra en las fosas nasales, provocando que las personas alérgicas fabriquen unos productos químicos denominados histaminas. Éstas causan estornudos, rinorrea, ojos enrojecidos y acuosos, picor, congestión o fiebre del heno. Esta última enfermedad, también denominada como rinitis alérgica estacional o polinosis, es una rinoconjuntivitis debida a la alergia al polen. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran los estornudos, sobre todo por las mañanas; prurito (picor) naso-ocular; goteo postnasal -que puede desencadenar tos seca- y obstrucción nasal, que si es severa puede producir cefaleas. Asimismo, también se pueden presentar cuadros de lagrimeo y fotofobia.

Antes extraña, ahora frecuente

La fiebre del heno, en sus inicios se consideró muy extraña. Actualmente, es el trastorno inmunológico más frecuente en el ser humano ya que alrededor de un 20 por ciento de la población presenta tests cutáneos positivos a los pólenes, cerca de un 10 por ciento tiene además síntomas clínicos y alrededor de un 5 por ciento recibe tratamiento. La polución puede contribuir al incremento de esta enfermedad ya que produce una inflamación de la mucosa nasal y facilita la absorción de los antígenos polínicos. Esto podría explicar por qué en el medio urbano la frecuencia de polinosis es el doble que en el medio rural a pesar de que en éste la exposición polínica es mucho mayor.

Tratamientos

Los tratamientos habituales para combatir la fiebre del heno son los siguientes:

Antihistamínicos

Suelen ser comprimidos, soluciones orales o aerosoles nasales que no precisan de receta médica. En algunos casos pueden causar somnolencia.

Corticoesteroides

Son aerosoles nasales que se pueden adquirir sin receta médica. Se considera el tratamiento más efectivo, y para que su funcionamiento sea eficaz debe usarse de manera continuada en periodos no muy largos.

Descongestionantes

Además de combatir la rinitis, ayuda a descongestionar la nariz. Es un método para usar durante menos de tres días.

Vacunas antialérgicas

En los casos más graves suele ser el tratamiento más empleado. Se inyecta el polen que está causando la reacción alérgica, aumentando las dosis hasta controlar los síntomas. De esta forma, el cuerpo se adapta al polen hasta crear tolerancia y contrarrestarlo.

Otros datos

Generalmente, basta con informar al médico de cabecera sobre los síntomas que padece para que con un examen médico de la nariz, los oídos, la garganta y los pulmones le diagnostique la enfermedad. Asimismo, el tratamiento se basa en pastillas antihistamínicas, líquidos pulverizables para la nariz o gotas para los ojos. Sin embargo, si los síntomas no se pueden mantener bajo control con estas medidas, quizá sea necesario acudir a un especialista en alergias. El riesgo de desarrollar la fiebre del heno se debe a factores hereditarios y a la exposición a pólenes alergénicos. Esta enfermedad se suele desarrollar durante la infancia y la juventud. Sin embargo, no es extraño que se produzcan a otras edades debido al exceso de polución y polen en el ambiente.

Una vez que han aparecido los síntomas suelen persistir indefinidamente aunque la severidad de la enfermedad puede variar de un año a otro dependiendo de la cantidad de polen liberado y de la exposición del paciente a la estación polínica. A partir de la quinta y sexta década de la vida, los pacientes pueden experimentar una lenta remisión de los síntomas.

Plantas y polen

La fiebre del heno se produce por la exposición al polen del aire. Sin embargo, no todas las plantas polinizan a través del aire y por lo tanto, no todas causan las alergias. Así las plantas que no polinizan gracias a los insectos, como las gramíneas, el olivo o la Parietaria judaica son las causantes de estas afecciones. De hecho, los pólenes de las gramíneas (hierbas) son la causa más importante de la fiebre del heno en España y en casi todo el mundo. En segundo lugar se encuentra el polen del olivo en las zonas del sur, centro y este de la península. Sin embargo, el polen de la parietaria judaica se limita a la zona costera mediterránea.
 

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